Noche cerrada en el bosque, y el Leopardo, moviéndose agazapado con agilidad
nocturna de repente se encuentra con una Hada.
Se qieda sorprendido, pero quieto.
"Qué estás haciendo Leopardo?" pregunta
"Estoy cazando..."
"Y sabes qué vas a cazar?"
"No, pero huelo mi presa, mi instinto me lo dice. Vos sí lo sabés?"
"Sí, claro que lo sé." - como ser sutil entre seres mortales, sabía más de
lo que ellos podían ver
"Y me podés guiar hasta mi presa?"
"Para qué, si tu olfato sigue tu instinto, y tus patas se mueven por tu
olfato, es muy claro que llegarás."
"Pero me harías las cosas más sencillas si me lo decís"
"No, lo único que te puedo decir, " - y por un instante brilló, luego sus
alas volvieron a ser transparentes - "es que esta presa es distinta, y no se
mueve."
"No es un simple ratón? O una liebre en vela?"
"No, y sólo te voy a acompañar hasta llegar ahí."
El Leopardo la miró quieto, y luego sin chances pero con firmeza retomó su
marcha.
Continuaba, arrastrándose entre raíces, cada tanto paraba, alzaba la cabeza
y olía en silencio, luego seguía.
Sentía que como cazador, el bosque estaba cambiando, y que se estaba
acercando.
La Hada lo seguía detrás, sin influir en su cacería.
Despacio, en silencio, se movía como la muerte, hasta que percibe que, no
mucho más adelante, junto a un arbol,
algo yace.
Por alguna razón se alarmó, mira hacia atrás, donde estaba la Hada, y ella
le devuelve la mirada: "ve y termina lo que vinisite a hacer". El persiste
su mirada por un instante, y vuelve su cabeza, y sigue avanzando...con una
cautela mayor a la de un felino en caza, sino de algo más fuerte.
Tres metros, ve un animal, su estado de cazador se desarma, al momento la
Hada se pone a su lado, flotando y aleteando a la altura de su cabeza,
petrificada mirando el cadaver yaciente.
Era él.
No puede con su imagen, él mismo de costado, estirado pero con las patas
delanteras dobladas, el hocico semiabierto, y pocas moscas rondeando sin el
menor ruido.
El movimiento de las moscas eran parte de una quietud eterna.
"No entendés, verdad?" dice ella
Tardó, tardó muchísimas milésimas de instantes en responder, sin poder
desviar la mirada
"No...", en una sepulcral serena perplejidad.
Entonces ella continuó
"Estabas cazando, y sabías que esta noche era distinta, y que esta presa era
también tan distinta, en ese mismo sentido, que vos, oh cazador, leías de tu
instinto."
"Ahora bien, has hecho la cacería más difícil de este mundo, pero aún te
espera la última, y la más difícil de todos los mundos. Ahora debes cazar tu
espíritu."
"Pero...por qué? Siempre es así?"
Era sólo duda, los animales aceptan la muerte de una manera que no podemos
entender, y esa era esa manera.
"No, no siempre. Algunos sólo mueren, no cazan. Pero vos tenés la
oportunidad:
hay dos caminos.
O terminas acá tu esencia de cazador, y entonces eres presa de la Muerte,
o intentas tu última cacería, en mi mundo. Ves ese hueco entre esos arbustos
ahí? Esa es la entrada. O simplemente vuelve por donde viniste, y quedarás
dormido para siempre y nunca, pues entonces la Muerte ya te habrá cazado."
El Leopardo la mira, suspira con dignidad, y funalmente dice: "Acepto la
cacería. Qué ocurre si no puedo cazar mi espíritu?"
"Entonces deberás seguir cazando por toda la eternidad hasta que lo caces,
no descansarás. Ya te dije, es la cacería más difícil, y sólo estás
preparado con todo lo que aprendiste en este mundo. Este mundo tiene otras
reglas, pero es tu cacería al fin. Serás sólo un cazador, o sea todo lo que
eres. Y deberás cazar la presa más dificil de cazar: el espíritu de un
cazador.
Entonces..."
Pero el Leopardo no necesitó ese ´entonces´, y fue, despacio y sin titubear,
y traspasó la puerta de los arbustos.
No necesitó saber qué pasaría cuando cace su espíritu, y quien sea realmente
un cazador, entenderá por qué.
Y quien sea realmente un cazador, también entenderá por qué este relato
termina acá.
Daniel.