Esto ocurrió en el futuro, hacia el 2007 Después de Cristo.
Eugenia tiene veintidos años. Vive con la madre, y hace poco compró un
Rotflirter, esos perros chicos que uno los cría de recién nacidos, y de a
poco -por empatía- el animalito va adquiriendo el estilo, los gustos, los
temores y las mañas de su dueño/a (generalmente dueña, no sé de ningún dueño
varón), y cuando tiene tres años uno lo larga y solito va buscando de entre
las personas, usando su olfato y su conocimiento de la personalidad de la
dueña, hasta seguir a un hombre.
Aquél hombre que siga, le ladre y le mueva la cola, ese es el indicado
para la dueña.
Es como un perro de caza, pero con estilo. Aunque de tamaño de un salchicha.
Eugenia no tiene grandes ingresos, es estudiante de un terciario y
trabaja en una librería (no de libros, sino de artículos de librería).
Un Rotflirter es realmente muy caro -su diseño involucró muchísima
investigación en ingeniería genética- pero una amiga de ella tuvo crías, y
le dejó uno a un precio casi simbólico. (otro motivo de su alto costo es su
dificultad de reproducirlos: son exclusivamente estrictos al momento de
formar pareja, aún si la Rotfilter esté en celo).
Eugenia no tenía mucho éxito con los hombres, en realidad había tenido 4
´noviazgos´ superficiales, aunque ella lloró mucho por el último. Ninguno
duró más de dos meses.
Lloró mucho por el último, ella creía que estaba enamorada, pero en
realidad -no lo sabía- se sentía perdida, no veía cómo podría "conseguir"
novio ya que imaginaba que siempre sería así, sistemáticamente fracazando en
sus relaciones, condenada a la soltería perpetua.
Dos meses y medio después que se peleó con Eduardo, nació Chicho: su
Rotflirter. Sus esperanzas se renovaron, y su estropeado ánimo recompuesto.
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Víctor trabaja en una oficina, trabaja ´mucho y todo el día´. No tanto
por la plata -ya que no le pagan horas extras- sino porque le teme al mundo,
a la sociedad (en realidad a ser rechazado por), y porque se siente perdido
cuando está solo.
Tiene veinticuatro años, a punto de cumplir los veinticinco.
De más joven se leyó (a los diecinueve) el clásico de Doris Langley Moore,
"Técnica de la Seducción", publicado en 1928 pero aún vigente.. Hizo el
curso de seducción en la prestigiosa página mexicana www.seduccion.net , y
ahora contrató los servicios de la Agencia -servicio que el sitio mexicano
inauguró un año antes, en el 2006-.
Ellos le proveen TODO: sesiones semanales donde va a su eroanalista, el
messenger para chat modificado (en el que ellos monitorean su chat con una
señorita y le asesoran online lo que debe decir), una línea-control
telefónica, en la que puede interrumpir un llamado y discando *441 lo
atienden las 24 horas (la interlocutora cree que él recibe una llamada y se
queda esperando, luego él retoma pero ya asesorado), y todo un seguimiento
personal por cada chica que él intente seducir (proveen servicio extra de
detectivismo, que por supuesto contrató, para conocer los gustos e
intimidades de las chicas).
Hace dos meses que empezó con los servicios de los mexicanos, y todavía
no le dio resultado.
En realidad, no encontró aún -como él cree- una muchacha digna de usar todos
´sus´ recursos para seducirla, por lo que la Agencia debe ser buena, es él
quien no está aplicando bien las técnicas.
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Un Sábado a la tarde, Eugenia salió a que Chicho la saque a pasear,
es decir, a buscar el hombre perfecto en la plaza.
Por supuesto como es de deducir, Víctor es ese hombre perfecto (como tantos
otros), pero en ese momento Víctor estaba en su oficina, trabajando con unas
planillas, e inesperadamente y sin aviso, Chicho sale corriendo.
La plaza estaba a media cuadra de la oficina en el cuarto piso donde trabaja
Víctor.
Chicho corre y corre, Eugenia palpita fuerte -su corazón reaccionó antes
que ella- y luego de un instante inconsciente corre tras el perrito, que se
pierde en la multitud... En su carrera, la imaginación de Eugenia se
transforma en un vehículo espacial, respecto a las características del
hombre de su...
FRENADA...!
MURMULLOS, GRITOS...
Eugenia corre, asustada, y cuando llega, encuentra una pequeña multitud en
la calle rodeando un automovil descarriado, y a Chicho debajo...Eugenia se
paraliza, está a punto de llorar -la confusión, el shock, y sin saber si era
por el perrito o por perderse al hombre de su vida-
Dos segundos eternos más tarde, ella se da cuenta que aún el hombre
puede estar de entre la multitud, mirando el accidente...
A todo esto, Víctor escuchó la frenada, y se asoma por la ventana. Su
morbo lo insta a bajar, con la clandestina esperanza de ver un poco de
sangre, como todo curioso.
Se llega al lugar, y de entre la multitud, ve una chica llorando.
Instantáneamente, sus instintos entrenados lo impelen a acercarse,
consolarla y -obviamente- contenerla, mostrándose como su salvador, el único
ser en la Tierra capaz de comprenderla y protegerla. Mentalmente tenía el
celular listo para marcar el número-rápido de la Agencia. La situación era
perfecta. Obviamente, él realmente creía todo esto -requisito fundamental- y
lo pondría en práctica.
Eugenia ve acercarse un muchacho hacia ella, su corazón empieza fuerte,
fuerte, siente que su pulso se acelera.
Víctor le dice a la chica: "hola" (con tono suave, afectivo, viril y
seguro), y le apoya la mano en el hombro.
El muchacho le habló, Eugenia casi no sabe qué decir... es tan apuesto,
es...es...perfecto! Pobre chicho, después de todo cumplió su trabajo!
Víctor, al ver que la muchacha seguía llorando, tambalea un
segundo -revisando mentalmente todos los tips para esa situación (Mujer en
crisis: nobleza con la vulnerabilidad), y recupera su confianza... "no te
preocupes, la vida continúa..".. Ella da dos sollozos más, despacitos, y lo
mira con ojos entrecerrados y aguados.
Eugenia mira al muchacho, no tenía conciencia de sí misma, de sus actos, ni
de la gente , ni la situación nidetiemponiespacio: estaba mirando al
muchacho que le sonreía amistosa y cálidamente...como nadie antes lo había
hecho.
"Yo soy Víctor, vení, te llevo a tomar algo así te sentís mejor, tranquila,
ya pasó..." Estaba nervioso, y el pie derecho le temblaba un poco, pero
sabía que estaba sonando formidable. La chica mira para abajo y asiente
totalmente compungida y angustiada, pero acepta continuar y que Víctor le
pase la mano detrás del cuello como abrazándola de costado para caminar...
Eugenia se encuentra caminando al lado de ese hombre fascinante, que
mágicamente apareció en su vida a raíz de un suceso trágico, pero piensa en
el Amor, en el renacimiento de una nueva vida, en que esa situación era la
reencarnación de Chicho, que dulcemente la miraba desde arriba...
Y así fue, como Víctor conoció a Laura, y Eugenia a Miguel...dos
por uno, comenzaron una hermosa vida, y rellenaron dos casas con familia,
que en realidad -por supuesto, como en todos estos casos- transformaron en
Campo de Refugiados de la Sociedad: la sociedad perfecta entre dos personas
con miedo (pero convencidas).
Fórmulas que nunca fallan.