Dia 1.
Sale al trabajo , a la mañana.
Pasa por la verdulería, el verdulero lo mira, algo atemorizado, él sigue de
largo,
 el verdulero como quien olvida algo, se persigna.
Sigue de largo, no comprende.
Pasa por el kiosko. El kioskero se asoma un poco, lo ve pasar, y murmura
´amén´.
Se acerca al centro, zona tribunales.
    Se cruza poca gente caminando en sentido contrario. Lo miran, bajan la
vista y murmuran ´amén´.
    Apenas los oye.
Camina, apurando el paso.
Un ciruja, lo ve y se persigna, 3 veces rápidamente.
Camina más rápido, como perseguido..!
Sistemáticamente más rápido camina, pasa de largo la gente, a su paso
escucha ´amen´ , ´amen ´,, ´amen´, como ecos. En tonos indistinguibles de
mujer, de chicos, hombres, viejos, viejas, camioneros, prostitutas,
maestros,
CORRE.
Ve al pasar cuerpos como siluetas transparentes, movimientos fantasmagóricos
de persignaciones, murmullos de ´amén´.
SIGUE CORRIENDO, MÁS RAPIDO.
ABRUPTO: se detiene en una esquina.
Un mendigo inválido, en una silla de ruedas, lo llama. Estaba en la calle,
para pasar entre los autos y recaudar limosna.
Él camina, absorto y en un mundo mudo. Se acerca, el menigo -en la calle, le
señala sus raídas zapatilla: los cordones.
Se agacha, empieza a atarle los cordones. Algo en el se retuerce al ver las
piernas flacas, carentes de musculatura, inútiles.
Mira para arriba y ve la cara del mendigo agradecido, sonriente. Un brillo
detrás de esa cara, algo más lejos, donde cuelga la lámpara apagada de la
calle: ve un angel que lo mira en cámara lenta...
un BOCINAZO rompe la imagen,
    muere atropellado, y

Día 2.
    Se despierta de la pesadilla. Transpirado y palpitante, se da un baño,
no recuerda exactamente qué soñó.
Sólo recuerda una cara, o la sensación de paz de haber visto una cara,
piensa en alguien pobre.
Fin de ducha.
Acontece y se prepara. Sale a la calle, se dirije a su trabajo.
Abajo en la calle, ve un viejo de ojos azul-celestes, casi blancos.
Sigue caminando. Ve una nena, ojos azul-celestes, como iluminados. Su cara
sin expresión: más ojos que rostro.
Más camina, más ve en todos los transeuntes los mismos ojos, profundos, muy
claros, contrastando con caras raudas, recias, antiguas, jovenes, frías,
pero los mismos ojos azul-celestes iluminados pálidamente.
Sospecha, se ve transpirado, sospecha que sea otro sueño.
Se da cuenta que la ciudad es la misma, pero los habitantes le son
desconocidos. Los negocios iguales, los vendedores nuevos, ojos celestes
pálidos.
Mira el piso, ve sus pies, cae rendido. Alcantarilla: se ve reflejado, en
agua podrida estancada: sus ojos pálido-celestes brillan, y es casi lo único
que puede distinguir en ese reflejo: el resto de su rostro se confunde con
el fondo musgoso de la calle.
Abre su boca, ningún sonido, no puede gritar, extiende su mano, desciende y
al tocar el agua, la imagen se rompe, estalla: despierta.

Despierta aturdido, sin recordar exactamente qué soñó. Mira el reloj, se
apresura a darse un baño, se viste y sale a la calle en dirección a su
trabajo.
    Al pasar - apurado- por la verdulería, el verdulero, atemorizado, se
persigna.
Escucha el primero -de muchos- ´amén´, alejándose detrás de su espalda.


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    "Pontífice, despierte.." dice alguien suavemente.
El Papa no despierta.
Temen que esté muerto.
    "Padre," continúa la voz, "debemos elegir a otro".
No hay respuesta.
        Ni movimiento.

Es que estaba soñando, y soñaba que era alguien laico, de una vida tranquila
y normal.
    Pero que al despertar todo el mundo se persignaba ante su paso, y él ,
aturdido, aceleraba su paso.
Y luego vería -como seis sueños antes- al mundo con personas de ojos
azul-celeste pálidos.

Estaría muerto?