Don Quijote yace abatido al pie de su biblioteca.
Su sobrina y su amigo el cura Pedro Perez están seleccionando los libros que
irán a la quema...el tesoro de Don Quijote...que cenizas serán, pero más
cenizas son sus sesos.
En eso Don Quijote despierta, se levanta, iluminado, busca a Sancho, y le
dice que lo siga.
Sabe exactamente a dónde dirijirse.
Montan cada uno su jumento, y salen del pueblo.
Sancho sigue a Don Quijote, que con firmeza guía a Rocinante hasta una
puerta en medio de la manchega llanura.
Ambos jinetes se detienen.
Don Quijote habla, sereno y solemne:
- Sancho, que con ésta puerta soñé, y heme aquí que la encontré. Mas si
dentramos no habrá razón, ni vida ni limosna que podamos franquear para
volver a ser lo que somos ahora, pues una vez que la atravecemos, hechizo
alguno nos volverá atrás.
Sancho asustado dijo nada, y por ésto tomó Don Quijote como respuesta, que
sin más tardar, abrió la puerta y adentró con firmeza y sin titubear.
Sancho lo ve desvanecer, que por miedo no había hablado, al ver
semejante prodigio como una puerta en medio del llano y las campiñas; mas
dencontrarse solo ante esos maleficios -pues qué otra cosa podía ser- siguió
a su amo, y dentró sin más espera también él.
-
Ambos se encuentran, juntos y arropados sobre sus monturas, en una esquina.
Oyen un bocinazo que hace mover a Rocinante, viejo y asustado.
- Fíjate Sancho, que destos hechizos salen venturosos los Caballeros, a
prueba su honor y su nobleza, que no hay arma con mas destreza.
Así los compañeros inician su marcha, uno asustado y el otro sorprendido,
sonriendo y desafiante, por la avenida Alberdi.
Los autos les tocaban bocina, más por parecerles carnavalescos por
vestimenta que por molestia de tránsito.
Al llegar a la Avenida La Plata, Don Quijote dobla a la izquierda en
dirección a Rivadavia, adentrándose en ese barrio como en su propio destino.
Toman la calle, y entonces el corazón de Don Quijote late al encontrar la
última pieza para comenzar su osadía de justicia: una hermosa joven en la
esquina, y hacia ella se dirije.
- Bella joven, dime por favor el nombre deste reyno.
Ella casi muda y entontecida responde, tras lo que entiende y en baja voz ..
"Boedo"...
a lo que Don Quijote, sonándole un nombre de un país maravilloso, responde
- Entonces Dulcinea de Boedo te has de llamar, y en mí encontrarás Caballero
para amar...pues mis victorias te dedicaré y los injustos a tí mandaré a
confesar.
Sin más que la más profunda reverencia que la muchacha podría tener en su
vida, Sancho y Don Quijote siguen camino.
Avanzan por una Buenos Aires que les es natural a ellos, y ellos natural a
Buenos Aires, tanto más cuanto la Noche porteña cae somnífera sobre sus
edificios...manto mágico que transmuta una ciudad en otra: la Buenos Aires
De Día, en la Buenos Aires De Noche, ciudad latente con voz de tango...
Si supiesen los porteños que un espíritu de bandoneón obró un hechizo
que debía ser, en que un compositor borracho y un tal Cervantes tan solo
fueron instrumentos para esta cruzada...
Don Quijote para en un cafetín, en su camino al Bajo por Independencia,
hasta la esquina de Balcarce... el lugar que han de llamar "Viejo Almacén",
donde decide entrar e ir directo al ventero...
Esa noche Don Quijote es nombrado Caballero de la Triste Figura.
Ya todo estaba dispuesto, pero la noche aún no ha terminado, pues el hechizo
recién comenzaba.
Vela las Armas Don Quijote, las vela por toda la noche, y ya al Alba,
atraído por un sentimiento que nacía de él, monta y se dirije a la Boca.
Entonces Don Quijote vislumbra, allá en el Puerto, los Gigantes
amenazadores.
Escucha el lamento oprimido de los mascarones de proa, doncellas del mar.
Sancho intenta detenerlo, pero Don Quijote no lo escucha. Nada podrá
detener la batalla, tum - tum se escuchan los mazasos de los Gigantes, lo
cual llena de valor al auténtico Caballero, quien toma la carga...
Un Quinquela niño observa desde otra historia, y Don Quijote queda para
siempre en una pincelada sobre un diario viejo.
Don Quijote arremete, y en el embate salva al Tango.
Contra qué choca? se pregunta Sancho, porque no ve...y jamás lo verán,
pues en la bruma temprana del Puerto se esfuman dos fantasmas...que retornan
a la historia y a su tiempo, a la ficción de dos genios dementes.
El hechizo ha terminado: ambos se hicieron eternos; el espíritu del
bandoneón quedó libre,
libre para penar en las calles de la Buenos Aires de Noche...
(ciudad mágica)
donde una muchacha fea de Boedo recibe una carta sin fecha, aunque muy,
muy vieja: la dedicación de una victoria.
- a mi ciudad