Es el año 1985. Peralta -bigote y flequillo- trabaja en un organismo
publico, en un puesto administrativo porque es... contador?
-no, hizo el comercial.
Peralta es soltero, cada tanto sale con la hermana y su marido, y el
sobrino de diez años. Peralta es un tipo sencillo, tiene unos..treintaycuantos?
-treinta y cuatro, a dos meses de cumplir los 35.
Tambien a veces sale solo, se toma un taxi algun sabado cada tanto
desde su casa en el barrio de Nuñez -donde se crió-, y se va al cine, a la calle
Lavalle, corrientes, y eso le gusta..
Y los veranos va con la hermana, el cuñado y el sobrino a Mar del Plata.
Todos los veranos, no?
- sí, todos.
Sus compañeros de trabajo no lo aprecian, porque lo ignoran. Él tampoco
desarrolló afecto en especial por nadie en el trabajo. Simplemente va a
las 8.30am, con el colectivo que lo deja a 2 cuadras, y sale a las 16.30.
De alguna manera llega a las 9 de la noche, se hace algo para cenar, (a
veces va a una parrilla a la vuelta de su casa).
Pasa algunos domingos a la tarde en el bar de la esquina, tomando un café,
un pucho, y leyendo el Clarín.
Peralta -bigote y flequillo- no es mal tipo. Pero tiene un serio
problema: no soporta a los zurdos.
No es que tenga alguna orientación política (la cual no la comprende
mucho), sino que se enerva, se enfurece, y lo reprime, cuando ve a alguien
escribir con la mano izquierda.
Hay algunas cosas que Peralta no sabe de sí. No sabe justamente esto,
que no tolera a los zurdos, y no sabe que quisiera -desde aquella vez en
sexto grado al ver el mapa- investigar las islas de Bahía Anegada, al sur de
Bahía Blanca... Y otra cosa que no sabe, porque no se dio cuenta, que no está
conforme con su vida. Y como no lo sabe, se la agarra con los zurdos.
Esta zurdofobia se le incrementa más y más.
Con el tiempo, llegó a estar convencido que los zurdos, un día de
estos, armarían una revolución.
Cierta vez incluso le preguntó a su vecina de qué lado del inodoro
tenía el papel higiénico. El lo tenía del lado izquierdo, y la vecina vivía en
un departamento identico pero invertido, por lo que debía estar del otro
lado. La señora De Vicetti, después de mirarlo extraña, le dijo que lo tenía
del lado izquierdo. Todo encajaba, y era alarmante.
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Peralta -bigote y flequillo-, al fin, después de ahorrar unos pesos, se
compró un flamante Dodge 1500.
- el que sacaron cuando se juntaron Dodge y Volkswagen.
Está muy contento con el auto. Sale los fines de semana, cada tanto
lleva al sobrino al zoológico, y con esto su zurdofobia se amedrenta un poco.
Un día, Peralta se encuentra con un amigo de barrio (bah, no tan amigo).
Este tipo, el Marcos, se daba con LSD cuando era adolescente en los ´70.
Cuando Peralta lo vio, después de muchos años, con traje y corbata, le
vino a la mente los comentarios juveniles de Marcos sobre los efectos que
sentía con los estimulantes...
Se encontraron, se saludaron -el otro un tanto más formalmente-,
tomaron un café, y se despidieron.
Este tal Marcos era un exitoso hombre de negocios de anteojos bifocales
oscuros.
Mientras Peralta se iba caminando del bar, despues de despedirse de Marcos,
un pensamiento clandestino trangresor y disparador se activó en su mente.
Tal vez la sorpresa (por no decir envidia) que un tipo tan bajo como
Marcos sea un hombre de negocios y traje (quién lo diría!), y la mezcla de los
recuerdos de los relatos de euforia y orgías de éste 10 años atrás,
inspiraron en Peralta -bigotes y flequillo- una idea inédita...increíble.
Peralta mismo no podía entender cómo se le había ocurrido (en realidad
no se lo preguntó): había leido alguna vez que el ´gen zurdo´ era recedente
(o algo así, no recordaba la palabra exacta), y que por tanto
desaparecerían alguna vez: era ahora o nunca. Su zurdofobia volvió con toda su fuerza.
La idea, motorizada por el encuentro con Marcos, por ver al almacenero
hacerle la cuenta con la zurda, y por el recuerdo y frustración, tomó
forma: simplemente debía desatar una furia sexual (eufórica) en toda la
superficie posible, y al cabo de una generación, los derechos saldrían
triunfantes.
Toda la multiplicación posible, toda la combinatoria genética
posible...
- lo que parece imposible es que esta idea se le haya ocurrido a un tipo como Peralta.
En las semanas siguientes, se puso en contacto con conocidos que tenían
un laboratorio de análisis químicos para informarse, y con un ex compañero
de secundario que creía que había estado en Montoneros...por lo que
seguramente (Peralta no lo dudaba) sabría de bombas.
La idea en sí era simple: sincronizar bombas activadas por relojes que
al explotar liberen un gas estimulante (o que la pequeña explosión
vaporice uno).
Así se hizo habitué de la relojería: "otro reloj a pila Peralta?" era
el saludo del vendedor, "no, deme uno defor...diferente" (siempre tenía el
fallido de decir ´deforme´ por ´diferente´).
En cinco afanosos meses (ya había cumplido los 35), Peralta había
construido setenta y seis artefactos explosivos.
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El Día P menos 1: Peralta sale en su flamante Dodge 1500 de noche,
sigiloso,
y desparrama sus bombas en puntos neurálgicos de la metrópoli. Ciento
diecinueve en total.
El Día P, a las doce menos cuarto del mediodía, ciento diecisiete
artefactos
explotan casi simultáneamente. Nadie sale herido; y una ola de
frenético desenfreno sexual posesiona a Buenos Aires.
Todos contra todos (cada artefacto tuvo un alcance, en promedio, de veintidos metros de radio).
Lugares céntricos, ferias, oficinas, ascensores, fueron epicentros.
Desde entonces, la cultura se transformó. Una sexosociedad emergió como
algo nueva, promovida por el buen Peralta -bigotes y flequillo-.
Pero Peralta -bigotes y flequillo-, nunca lo supo. Lo olvidó, porque el
efecto de la inmensa nube de estimulante produjo en él un efecto
distinto, que no lo descubrio sino hasta el domingo siguiente, cuando llevó a su
sobrino al zoológico.
- no, nada raro, nada perverso.
Simplemente veía animales distintos. Era un fenómeno extraño: donde
había un perro, Peralta veía un pequeño elefante. Donde había un conejo, Peralta
veía un zorrino; donde había un canario, Peralta veía un perrito.
Peralta parecía un daltónico al lado de su sobrino, "pero tío, qué dice!?" lo
recriminaba el mocoso ante su confusión.
Peralta se dio cuenta que algo andaba mal. Incluso veía animales de los
que nunca había oido hablar, y sin embargo conocía todos sus detalles.
Fue a ver un oculista, pidió hacerse un checkeo sin mencionar síntomas
precisos. Estaba bien (tenía un poco de astigmatismo). Fue al clínico,
fue a ver un medium, fue a un iriólogo, un chino acumpurista...
Así le diagnosticaron su astigmatismo, un poco de colesterol alto, un
mal que le hicieron a su familia, parasitosis de amebas, un meridiano
alterado, respectivamente. Pero nadie le dijo nada de su verdadero mal.
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Pasaron los años, Peralta -bigotes y flequillo- obtuvo canas y ocultó
su zoo-daltonismo, y la sexosociedad desarrolló culturas inéditas en el
mundo (un mercado de semen en las ferias hippies, un ranking oficial de
virtud evolutiva en el DNI -como producto del analisis de ADN- por lo que la
gente elegía), la apertura cultural de la zoofilia, la homosexualidad, el
sadomasoquismo, cosas que apenas la Europa liberal vislumbraba.
Es el año 2005.
- el veintiuno de octubre.
Una nueva empleada entra en el trabajo...(que había sobrevivido a las
privatizaciones) , española (gallega) de origen.
Peralta por primera vez se siente animalmente atraido.
Le dan un escritorio en diagonal a él. Ella canturrea algo despacio...
"En mi jardín hay una flor,
la mas bonita, no tiene olor,
y si lo tiene yo no lo sé,
vente conmigo y te lo diré"...
Peralta está embobado, el mundo se detuvo para él...
ella sigue su canturreo con tonos flamencos y azento eshpañol...(gallego)..
"En mi jardín te vi correr,
tú no miraste, yo te miré.."
era -lo sabía- una canción de niños, y sin dejar de mirar los labios de
ella, él seguía hipnotizado sus movimientos a traves de una imagen ensoñadora de Bahía Anegada
"y si me viste yo no lo sé,
dime morena lo he de saber".
Un ´tic, tac´ de un reloj lo hace volver en sí,
se gira y le pregunta bajito a su compañero de escritorio...
"Gómez, digame, quién es esa mujer sentada ahí?"
Gómez, algo atónito, intenta distinguir hacia donde Peralta indicaba,
pero sólo vislumbra a Lumbra,
la gata nueva del lugar,
a quien Peralta -bigotes y flequillo- confunde por su zoo-daltonismo
con la maestra de primero inferior que le pegó un reglazo por usar la mano
izquierda.....
"Teño unha herba de namorar,
teño pensado quen ha levar,
na faltiqueira hei-cha de poñer
para namorar-te a ti, muller"