" m. Relación de los datos personales e historia profesional, que presenta
el aspirante a un cargo o puesto de trabajo."
En el ámbito laboral siempre dio buenos resultados pedir referencias a
previos empleadores.
Pero para comienzos del siglo XXI, las mujeres comenzaban ensoñadoras una
relación, que al poco tiempo quedaban frustradas por decepciones.
Abrumadoramente masivo, los hombres habían ganado un buen método de
márketing para sí mismos.
Como la tasa de divorcios crecía cuadráticamente en meses, una asociación
feminista tuvo una idea: crear un registro de curriculum de hombres, más
cercano al ´veraz´. Las mujeres entonces podían escrachar -y hasta
denunciar- hombres para prevenir a futuras víctimas. De la misma manera, una
mujer podía -antes de emprender una relación- averiguar los antecedentes del
candidato.
Por supuesto, esta base de datos no era accesible para los hombres, era
clandestina pues sólo se conocía en reducidos ámbitos, y era utilizada para
emprendimientos serios, digamos para el matrimonio.
No tardó en que jovenes amateurs -y luego adolescentes- hicieran un sitio en
internet con una base de datos paralela, accesible a cualquiera.
Desde entonces, la histeria social aumentó de tal modo que cada vez se
formaron menos parejas.
Todo, desde el comienzo, estuvo monitoreado por los servicios de
inteligencia del gobierno.
Como consecuencia del uso -y luego abuso- de estos sitios, la actividad
sexual disminuyó a cifras patológicas (en tanto explicitaban una actitud a
nivel patológico: las mujeres empezaron a exacerbar la histeria en el punto
que, aún a pesar de tener deseos sexuales, la presión social femenina las
llevaba a que SIEMPRE había que consultar la base de datos antes, aún si lo
que se quería era sólo sexo casual).
Esto fue la excusa casi ideal para el impedimento (natural) de la mujer de
no hacerse cargo de sus deseos sexuales, argumentando la mala conducta
histórica (curricular) del hombre en interés.
Transcurrió cierto tiempo, y el nivel de frustración de ambos géneros
comenzó a invadir los ámbitos cotidianos.
Hasta que en un punto, los hombres, intoxicados de frustración, y las
mujeres de histeria, ambos de celibato, comenzó a expresar violencia.
En ese principio, los estadios de boxeo volvieron a llenarse como en las
antiguas épocas; la práctica de deportes tuvo un auge, especialmente los
marciales, pero no alcanzó para la creciente oleada de frustración. Mientras
tanto, las bases de datos continuaban creciendo y creciendo, así como el
orgullo de las organizaciones feministas, de creer frustrar a perversos
deseadores de sufrimiento femenino.
Las marchas y protestas aumentaron, las represiones policiales, los
despidos, los enfrentamientos en los partidos de futbol, la aparición de
grupos de "música" únicamente generadores de ruido, las internaciones
psiquiátricas, y por supuesto las violaciones. Nada parecía detenerse.
El gobierno comenzó a preocuparse.
Finalmente, ocurrió lo previsto. Un atentado, una explosión.
Hombres que normalmente estarían haciendo el amor a sus parejas estaban
sublimando sus deseos en aprender a fabricar artefactos explosivos. La
necesidad de provocar destrucción.
Por la experiencia vivida en otras partes del mundo respecto al
terrorismo -aunque basado en otros origenes- el gobierno intuitivamente
comprendió que no iba a ser posible derrotar a las ´consecuencias´; en otras
palabras, no combatiría el terrorismo apresando a potenciales terroristas,
sino atacando las causas, que eran muy bien comprendidas.
Para el cuatro de diciembre del dos mil ocho, los servicios de inteligencia
(una comisión compuesta unicamente por hombres) ya habían identificado la
ubicación física de todas las bases de datos. El cinco de diciembre, a las
4.30 am, catorce comandos tácticos tomaron por asalto en simultáneo los
lugares donde se hacía el hosting de los sitios y bases de datos.
Revisaron y destruyeron todas las copias de seguridad, y tomaron
clandestinamente prisioneras a las cabecillas feministas responsables de la
idea y ejecución.
Eran siete en todo el país, variando desde los veintiun años (una sola),
hasta los cincuenta y dos.
Poco tiempo después se tornó en ley la prohibición de publicación de
historia personal. El Individuo y el Estado eran los únicos habilitados para
poseer tales registros. Generó polémica, pero la frustración aún era tan
reciente que fue aprobado por unanimidad en ambas camaras (por supuesto
incluyendo a las senadoras y diputadas).
El efecto de las operaciones -la destrucción de las bases de datos y la
detención de las cabecillas- detonó una oleada de liberación -en el sentido
de des_represión- sexual más intensa que un Woodstock a nivel país.
Se rumoreaba que las cabecillas habían tenido que ser desplazadas a unidades
penitenciarias especiales por haber sido linchadas por el resto de las
presidiarias.
Las tres de mayor edad terminaron enloqueciendo, se volvieron
exhibicionistas y ninfómanas -aún dentro de la prisión-.
Si bien el juicio formal nunca ocurrió, el presidente fue reelecto al año
siguiente.
El feminismo pasó a ser despreciado por la mayoría de las mujeres, y, aún a
pesar de eso, la sociedad no se tornó más machista.
Fue la primera vez que un fenómeno social ocurrido en un país del tercer
mundo fue observado de cerca por los paises del primero.
Más aún: varios años después, se supo que los servicios de inteligencia
europeos habían advertido a los locales, de activistas feministas
organizando movilizaciones en sudamérica para poner a prueba un experimento.
La reacción mundial a estos hechos fue fomentar el control de la histeria, y
campañas en favor del sexo sin culpas; setenta y tres ONGs han surgido para
este fin.
Los resultados,
aún por verse.
- De la redacción de Clarín. 5 de Abril del 2011.