"la energía se transforma, nunca se pierde" (Ley de Conservación de la
Energía).
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Antes de ayer, 12 siguió a una muchacha de noche, por 6 cuadras. Las últimas
dos las corrió, sin darle alcance adrede. Luego dejó dos caramelos, uno en
un cantero de ladrillos, el otro en la baranda del puente.
Ayer, consolidó lo que había estado preparando por dos semanas: había estado
pidiendo comida a una pizzería donde atendía una chica, y siempre simpático,
ella ya lo identificaba, con algún chascarrillo. Anoche fue a la pizzería
personalmente, con su celular. Ella estaba en el mostrador, imaginó que era
ella. Lo confirmó cuando la llamó, sin que ella lo notara como cliente
presente ahí, y le reconoció la voz. Pero escuchó un tono distinto. No le
resultó simpático de entrada. Le empezó a decir lo que llevaba puesto, le
describió con un morbo artístico las facciones de su cara, y le dijo que
sabía donde vivía.
Cuando ella ya no aguantó largó a llorar y cortó. Entonces él también cortó
y sonrió.
Dejó un caramelo en la mesa.
Esta noche, por chat, extraerá -y absorberá- el terror de un nene que tiene
un nick sencillo, hablándole de lo que le hará a su gato. El nene no volverá
al chat por mucho tiempo, y seguramente tendrá pesadillas.
Entonces dejará tal vez dos -o hasta tres, si es mucho el miedo que
consigue- caramelos distribuidos en lugares anónimos y públicos de la
ciudad.
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Antes de ayer, 92 escuchó Chopin. Luego le pegó al hijo, y destruyó la
maqueta en la que había trabajado las últimas dos semanas.
Ayer, escuchó pasajes de Mozart. Descargó en su esposa, un puñetazo, ella se
encerró en el baño, lloró, y hoy fue a trabajar sin quitarse los anteojos.
Hoy escuchará "Sueños de Amor" por su ventana. Tal vez esta vez el perro no
resista la golpiza, y mañana lleve su cadaver a un terreno baldío a
pudrirse.
Por supuesto que niega ser una persona violenta. Sólo que se embriaga
(consume) con la música que viene de su ventana.
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Antes de ayer, 36 buscó frenéticamente, en su condición de falta de afecto,
por toda la zona donde lo había encontrado la última vez. De vuelta, ya
deprimido, lo encontró.
Ayer, buscó con más ahínco, convencido que era para él, una señal de alguien
que alguien maravilloso estaba jugando un juego de dulzura. Buscó, caminó, y
tarde, lo encontró.
Hoy, entregado a su imaginación, tocará a Liszt en su piano después que
encuentre el caramelo en un lugar anónimo y público de la ciudad.
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Hoy, mientras una abeja transforma nectar en miel, en una antípoda alguien
destila su cuarto ensayo, y un motor arroja monóxido de carbono.